El Salvador es un país de extremos. En este país tan pequeño, riqueza excesiva existe a la par de pobreza miserable. Hay increíble belleza natural e increíble destrucción de los recursos naturales del país; hay gran fe y esperanza, pero también hay gran desesperación y desilusión.
Pobreza
La situación económica es difícil para la gran mayoría. Mientras El Salvador ha abrazado el mercado internacional, ha firmado un trato de libre comercio con los Estados Unidos, y aun ha adoptado el dólar estadounidense como moneda nacional en 2001, los pobres han visto pocos beneficios. Exportaciones e ingresos internacionales no han creado crecimiento económico verdadero, especialmente para los pobres. El salario mínimo es unos $200 dólares mensuales, pero el costo de vivir es tan alto que aun trabajando tiempo completo, es difícil cubrir los gastos para el mes – y es mucho más difícil cuando uno tiene que sostener una familia. El nivel de desempleo es tan alto que mucha gente esta agradecida tener cualquier trabajo que se pueda encontrar, así que soportan largas horas, condiciones malas y explotación en el lugar de trabajo. Aun el salario mínimo a veces no se respecta, porque el gobierno no supervigila el tratamiento de trabajadores en muchas empresas.
En un artículo reciente para el National Catholic Reporter, Padre Dean Brackley, SJ, un profesor en la Universidad Centroamericana, escribió, “El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas recién informo que solo uno de cada cinco económicamente activos salvadoreños tiene un trabajo digno y estable. Aun antes de la crisis reciente – un gran aumento de los precios del petróleo y granos básicos, seguidos por la crisis financia – la cosas se estaban apeorando en América Central. Por ejemplo, mientras desnutrición crónica disminuyó de 13% a 10% de 1990 hasta 2003 en Latinoamérica y el Caribe en general, en América Central aumentó de 17% hasta 20%.”
Los salvadoreños hacen lo que puedan para responder a esta realidad. Cuando no se puede encontrar empleo estable, buscan en el sector informal, lo cual puede significar vender pan en la calle todos los días, lavar las ventanas de carros que pasan en la calle para ganar algunos centavos, o vender bisutería o ropa hecho a mano. Este trabajo puede proveer unos ingresos pequeños, pero la realidad es que la vida para los pobres es una lucha diaria para sobrevivir.
Violencia
Una manera de responder a esta situación de pobreza y desempoderamiento es tomar el poder en sus manos de cualquier manera posible – y muchos salvadoreños han optado por la violencia y el crimen como forma de tomar el control de sus propias vidas y las vidas de los demás. Con un promedio de 11 muertes violentas cada día, El Salvador se ha hecho uno de los más violentos países en el hemisferio, y uno de los 10 más violentos del mundo entero.
Aunque una parte de esta violencia es el resultado de violencia al azar y la delincuencia, la mayoría es muy organizada. El Salvador es una zona de guerra entre las dos maras principales – La Mara Salvatrucha (MS-13) y la Mara 18. Hay alrededores de 10,000 a 39,000 mareros en El Salvador, y toman el control sobre la población a través de tácticas de terror,
extorción e intimidación. Las maras cobran “renta” en muchos sectores del comercio formal e informal – desde los vendedores en el mercado a casas privadas a empresas locales a las rutas de los buses. Mantienen su poder a través del miedo de la violencia, que no vacilan en usar.
Por ejemplo, en junio de 2010 dos buses en Mejicanos, en las afueras de San Salvador, fueron asaltados por miembros de las maras. Durante el primer incidente, mareros interceptaron el bus, echaron gasolina y lo encendieron, cerrando las puertas y ventanas para que los pasajeros adentro no pudieron escapar. Cuando los pasajeros intentaron escapar por las ventanas, los dispararon. Once personas murieron en la escena, y siete fueron heridos gravemente, seis de los cuales murieron después. Unos diez minutos después, otros mareros atacaron a otro bus de la misma ruta, matando al conductor, un pasajero y una niña de 11 anos. Algunos dicen que estos ataques fueron actas de venganza de parte de la mara contra la compañía del bus por no haber pagado su “renta” a la Mara 18 porque ya estaban pagando a MS-13. La mayoría de la violencia existe entre las dos maras rivales. Sin embargo, ha habido un cambio en la cultura de violencia, en que las maras matan a la gente inocente en general para meter miedo en la población. El Presidente Mauricio Funes nombró este tipo de violencia “terrorismo.” En enero 2011, a tres miembros de la Mara 18 les dieron 12 años y 6 meses en la cárcel por el acto terrorista de quemar el bus, matando a 17 personas.
Voces en la Frontera, una organización de base en El Salvador, escribió en su sitio de web lo siguiente sobre la violencia reciente: “En los primeros 36 días de 2010, hubo 440 homicidios denunciados en El Salvador. Las víctimas eran activistas políticas, supuestamente matados por sus opiniones y declaraciones públicas, a conductores de los buses, asaltados y matados por grupos llamados ‘delincuentes.’ Si este modelo de violencia sigue, este país puede esperar casi 5000 homicidios este año. En comparación, la Ciudad de Nueva York, cuya población es similar a la de El Salvador, solo informo 412 homicidios en todo el año en 2009.”
El motivo de este tipo de violencia es difícil saber, pero los resultados son claros: la población salvadoreña vive en miedo e inseguridad, aumentado cada ano, con violencia que alcanza hasta niveles que no se han visto aun durante la guerra civil de El Salvador. Dada esta inseguridad y pobreza de oportunidad, mucha gente huye.
Migración
Hace unos años, la embajada de los Estados Unidos calculó que un promedio de 740 salvadoreños abandonan su país cada día, la mayoría en camino hacia los Estados Unidos. La calculación actual corre entre 400 a 500 al día. Si todos salieran para siempre, El Salvador (con una población de seis millones), perdería un porciento de su población cada cinco meses y la mitad de la población en veinte años.
Este fenómeno no tiene tanto que ver con lo que los EE.UU. puede ofrecer tanto como lo que El Salvador no tiene que ofrecer. Según Dean Brackley, esos migrantes huyen por la falta de oportunidades económicos. Simplemente no hay trabajos suficientes para sostener a la gente, y no hay los recursos necesarios para el sistema de educación y los servicios sociales para cuidar a la población. El Salvador no funcionaría sin las remesas, el dinero mandado a los salvadoreños acá de sus familiares y amigos en los Estados Unidos.
Más que 2.5 millones de salvadoreños viven en los Estados Unidos – más que un tercero de la población de El Salvador en sí. La exportación principal de El Salvador son, de hecho, seres humanos. La importación principal son las remesas desde salvadoreños que viven en los EE.UU. – unos $2.5 billones de dólares cada año, 17.1% del Producto Nacional Bruto. La economía salvadoreña simplemente no funcionaría sin el movimiento de gente desde el Sur al Norte y el movimiento de dinero del Norte al Sur.
El impacto de este tipo de migración en la sociedad es enorme. Familias se dividen, mientras uno o dos madres o padres salen en búsqueda de una manera de sostener a sus hijos, dejándolos para estar cuidados por otros. A veces, la gente sale y nunca regresa – dejan atrás una vida en El Salvador y encuentran un renacer en El Norte. A los que se quedan les toca aguantar aun más estrés para cuidar a los nietos o sobrinos, y este estrés emocional y económico muchas veces aplasta.
La Respuesta de Programa Velasco
Debido a esta realidad, Programa Velasco intenta responder en la manera que podamos, tomando pasos pequeños y sembrando semillas que algún día florecerán. No podemos combatir la violencia y miedo en que vive la gente, pero podemos crear espacios seguros para que los niños y niñas aprendan, se diviertan y crezcan, y espacios para que los padres y madres empiecen a dejar el miedo y estrés en que viven en la lucha diaria para sobrevivir. No podemos cambiar las estructuras que empobrecen a la gente, pero podemos ofrecer aprendizajes de habilidades para seguir adelante. Padrinos y madrinas de los niños y niñas ofrecen su amistad, apoyo y solidaridad, y juntos/as buscamos el camino para seguir adelante y crear espacios de esperanza en medio de esta realidad cruel.




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